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El masaje como herramienta de auto-conocimiento


A casi todos nos encanta recibir un buen masaje. Ya sea porque estamos contracturados y necesitamos que nos acomoden un poco, o porque buscamos un momento de relajación y nos obsequiamos el placer de un agradable masaje. Sea cual fuere el motivo, los masajes son para mucha gente sinónimo de bienestar. Tanto si los realiza un profesional como si nos masajea algún amigo, nuestra madre, o quién sea que tenga el cariño de convidarnos unos masajitos.

Como masoterapeuta me he encontrado con todo tipo de cuerpos, de emociones, de reacciones, de realidades.

Creo que los masajes son una excelente herramienta de auto-conocimiento.

He atendido gente que nunca se mira o se toca los pies, que se pasan la vida con zapatos puestos, gente que no sabe realmente el estado de su cuerpo, ó que lleva una vida sedentaria y no suele prestarle atención a sus piernas -por ejemplo- que se sorprende durante el masaje al notar la flexibilidad que han perdido, o el tiempo que ha pasado desde la última vez que estiraron determinado músculo. Pero más aún, se dan cuenta de lo mucho que necesitaban moverse. Con tanto desarrollo virtual e intelectual pareciera que hemos dejado para más tarde los aspectos más concretos y tangibles de nuestro ser.

Vivimos en una sociedad en la que estamos cada vez más desconectados de nuestros propios cuerpos, y en la que nuestros cuerpos están cada vez más desconectados de la sociedad.

Una vez atendí a un señor que me consultó por dolor en el nervio ciático, él había ido al traumatólogo, le habían recetado un analgésico y lo habían mandado al kinesiólogo. Sin embargo el dolor no mejoraba. Comencé con el masaje revisando cómo estaba todo y me di cuenta de que no tenía tensión allí, no le dolía a la presión, todo parecía relativamente bien. De hecho la zona dolorosa estaba sobre el lado externo de la pierna, bastante localizado. Le observé y me di cuenta de que tenía notablemente hinchada una de sus rodillas, enrojecida, edematosa, caliente. Le pregunté entonces si el médico lo había revisado y palpado antes de diagnosticarlo con el supuesto problema del ciático, y me respondió que no.


Resulta que lo que pasó fue lo siguiente: Este señor supuso que lo que le dolía era el ciático, se lo comunicó al doctor, éste no lo revisó y le recetó un tratamiento en base a un diagnóstico que el paciente traía hecho desde su casa. El kinesiólogo tampoco prestó mucha atención y lo trató como decía el papelito. Nadie lo revisó, nadie lo tocó. Ni siquiera él mismo. Este hombre no se dio cuenta de cómo estaba su propia rodilla, y en cuanto se lo hice notar se sorprendió mucho de no haberlo visto antes, no entendía cómo pudo no darse cuenta antes de esa gran diferencia entre sus dos rodillas. Veo este tipo de casos muy seguido.

La gente se viste, se desviste, se baña, a veces se pone crema, se afeita, se depila, se desodoriza.. pero no siempre estamos conscientes de ese cuerpo que llevamos a diario. De ese cuerpo que es también nosotros... Yo soy también esta espalda, estos pies, estos músculos.

El masaje es un momento que nos pone delante la realidad de nuestros cuerpos, nos hace conscientes de la totalidad de nuestro ser. Nos hace sentir realmente que estamos conectados desde la cabeza a los pies y más, nos permite percibir las diferentes sensaciones y sensibilidades, nos hace entender que una presión en una zona del cuerpo puede revelar emociones inesperadas, y también nos acerca a la relación inversa, que nuestras emociones tienen efecto sobre el cuerpo físico. Nos pone delante de nuestra realidad, nos obliga a escuchar lo que el cuerpo nos está diciendo hace rato sin que -quizás- nosotros nos diéramos cuenta.

No somos divisibles. Seamos conscientes de nosotros, sepamos escucharnos. Tratemos con amor y con respeto este cuerpo que también somos.


#Masaje #Terapiasholísticas #Reflexiones

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